El Acuerdo Comercial Anti-Falsificación, más conocido como ACTA, constituye uno de los mayores engaños que ha realizado la Comisión Europea. Mediante negociaciones secretas, empezó a fraguarse como un tratado de comercio que iba a mejorar sustancialmente la competitividad y a estimular la creación de empleo, pero la verdad está muy alejada de la realidad.
La Comisión Europea se ha estado esforzando durante todos estos años para vender ACTA como un tratado de lo más normal, totalmente inofensivo en tanto a derechos civiles, pero siempre ha intentado silenciar cualquier crítica al tratado, al mismo tiempo que ha presionado para imponer su visión ante el Parlamento Europeo, que al final es el organismo que vota para aprobar o rechazar cualquier petición.
Precisamente ahora le toca mover al Parlamento, que en su sesión plenaria de Junio votará sobre ACTA. Los miembros del Parlamento ya están bajo presión, y no sólo por parte de los grupos de la industria del copyright, si no del Directorado de Comercio Internacional, un sub-organismo de la Comisión, el mismo que se encargó de empezar y llevar la negociación de ACTA en el más absoluto oscurantismo durante más de 3 años.
La lista de mentiras, engaños y medias verdades es larga. Por ejemplo, desde la Comisión aseguran que ACTA no es SOPA. Y no lo es, pero es mucho peor.
Además no afecta sólo a Internet sino a otros muchos sectores. Por ejemplo ¿sabes cómo afecta su aplicación a los medicamentos?
En su aplicación al sector farmacéutico, ACTA es una norma aparentemente dirigida a evitar la falsificación de medicamentos, pero que esconde otros objetivos, ya que más que en proteger la salud pública se centra en la protección de los derechos de propiedad industrial de los laboratorios innovadores.
Afirma que persigue la falsificación de medicamentos para evitar problemas de seguridad de los mismos, pero muchas de sus medidas se dirigen a proteger los derechos de marca (nombres, logotipos, forma y color de los medicamentos…) de los laboratorios que comercializaron el medicamento original frente a los que ahora comercializan su versión “marca blanca” (genéricos). La razón es que, cuando ya no pueden oponer derechos de patente, sólo les queda acudir a la proteción de la marca.
La proteción que otorga el derecho de marca no justifica, sin embargo, medidas tan extremas como permitir a la autoridad administrativa de un Estado que destruya medicamentos simplemente porque el laboratorio titular de la marca invoque una infracción en virtud de ACTA, en teoría, por una sospecha de falta de seguridad del mismo, pero que, curiosamente, se base en que el medicamento no es igual al original.
Un medicamento genérico puede ser tan seguro como el original aunque su forma, tamaño y/o color (incluso sus excipientes) sean diferentes.
ACTA es una norma que ha sido negociada durante más de 3 años con muy poca transparencia. Es una manipulacion más de la industria que ve agotada sus patentes para entorpecer la competencia de los laboratorios que legalmente fabrican genéricos.
En la situación económica actual los medicamentos genéricos son una herramienta de control de gasto farmacéutico y una opción coste-eficaz para garantizar el acceso de la población a los fármacos, en todos los países, pero especialmente en los más desfavorecidos.
ACTA se olvida de que las personas son lo primero.
Democracia real YA! Madrid.
So what else is new! –nada de esto sorprende pero es muy de tener en cuenta… De entre las peores cosas del capitalismo es el tráfico de influencias y las exhorbitantes ganancias en el ámbito de la salud.
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