Sobre escraches

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Hoy hablaremos un rato sobre el escrache. Hasta hace unos días, esta palabra era completamente desconocida para casi todo el mundo, y ahora ya sabemos todo lo que hay que saber para tener una opinión perfectamente formada sobre ella. Viendo la virulencia de los ataques de los que la caverna mediática, los tertulianos en general, y los dirigentes políticos en particular han hecho gala contra las caras vivibles de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, no hay duda de que el Escrache les ha hecho daño.

Quiero pensar que el congreso de los diputados está lleno de personas muy inteligentes. El destino de nuestro país está en sus manos, así que más nos vale que sea así. El caso es que no sé por qué, con intelectos tan privilegiados, no han encontrado una solución al escrache que no implique la difamación sin pruebas, el uso de las víctimas del terrorismo para un uso torticero, la criminalización de un colectivo ciudadano pacífico, la mentira y la manipulación.

Señores diputados, si me aceptan un consejo, en las siguientes líneas les voy a dar la solución al escrache. Es gratis y no les dolerá. Y si lo hacen, y les pido por favor que lo hagan, se van a sentir terriblemente bien con ustedes mismos.

Imagínese que está usted tomando un buen desayuno en la cafetería de debajo de su casa. Su café, su barrita de tomate, su ABC y ese ratito que se dedica a usted mismo antes de salir a la vorágine de la vida del diputado. De pronto se le acerca una muchedumbre portando en las manos unos enormes carteles redondos, unos verdes y otros rojos. En los verdes pone “Sí se puede” y en los rojos “Pero no quieren”. ¡Horror! Son las hordas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y usted, señor diputado, va a ser víctima del Escrache. Nervioso echa mano del móvil, un flamante iPhone 5 cortesía del congreso. Siguiendo las instrucciones de su jefe de grupo tiene el 112 premarcado en la memoria. La policía, por órdenes del Ministro de Interior, puede identificar y detener a toda esta gente. Sólo hay que aguantar unos minutos y todo quedará reducido a una anécdota que contar a los otros diputados en el almuerzo de media mañana. Con un poco de suerte incluso le entrevistarán en Intereconomía por la noche.

Pero… ¿Y si hace algo diferente? No sé, algo radical. ¿Y si habla con las víctimas de los desahucios? ¿Y si, como representante de los ciudadanos que es usted, se interesa por ellos, por sus problemas? Seguramente le contarán escenas llenas de angustia, de desesperación por un futuro incierto. Habrá lágrimas, no le voy a mentir, pero seguramente verá en sus ajos algo. Se llama esperanza. Y quien sabe… lo mismo hasta usted crece como persona.

Seamos sinceros: escucharles no le compromete a nada. Sólo tendrá que dedicarles un rato. Es posible que llegue tarde al congreso pero, francamente, viendo lo vacío que está muchas veces, no creo que nadie le vaya a decir nada. Y, en fin, hablar con la gente es parte de su trabajo. Es un desayuno de trabajo. Un desayuno de trabajo con gente muy muy importante. Con ciudadanos, nada menos.

¿Ven? Es sencillo. No ha muerto nadie. No hay declaraciones fuera de tono y, encima, ustedes quedan bien.

De nada.

Artículo redactado por Kike Castelló, miembro de DRY Madrid, cuyas opiniones no tienen porqué constituir o coincidir con la línea editorial del colectivo.
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